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Mostrando entradas de marzo, 2011

Steve.

La luz crepuscular bañaba la hierba del campo, dotándole de reflejos anaranjados que contrastaban con el cetrino de las pequeñas briznas. Cerró la ventana y antes de correr las cortinas echó un último vistazo a la figura ensombrecida que estaba tumbada en una pequeña colina. Se mordió el labio inferior mientras sonreía con timidez, sin poder evitarlo.


* * *

La puerta blanca de madera chirrió al cerrarse con brusquedad, dejando tras de sí el estruendo de un portazo. No fue necesario abrir los ojos e incorporarse para saber quién corría hacia él atropelladamente. Se la imaginó con el pelo castaño ondulando suavemente detrás de su cuello, como una capa aterciopelada, mientras que sus pies descalzos se hundían en la mullida hierba. Un golpe sordo le indicó que había saltado la pequeña valla de madera, y que había caído de rodillas al suelo, torpemente, seguramente magullándose las piernas. No hacía falta tener el oído muy fino para percatarse de que estaba a punto de llegar hasta él. Al cab…

Se te acabó el tiempo.

Abrió el grifo y metió las manos debajo del chorro, para segundos después humedecerse los ojos con el agua fría: necesitaba despejarse debido a una mala noche repleta de pesadillas. Se secó los párpados con una toalla y se miró en el espejo. Su corazón dio un vuelco cuando vio que aparte de su reflejo, había otro translúcido a su lado. Abrió mucho los ojos, asustada. Estaba sola en el baño, pero no era eso lo que el espejo le estaba enseñando. Su respiración se volvió agitada cuando el cristal se empañó, mostrando un mensaje: «Se te acabó el tiempo».