Ir al contenido principal

Steve.

La luz crepuscular bañaba la hierba del campo, dotándole de reflejos anaranjados que contrastaban con el cetrino de las pequeñas briznas. Cerró la ventana y antes de correr las cortinas echó un último vistazo a la figura ensombrecida que estaba tumbada en una pequeña colina. Se mordió el labio inferior mientras sonreía con timidez, sin poder evitarlo.


* * *


La puerta blanca de madera chirrió al cerrarse con brusquedad, dejando tras de sí el estruendo de un portazo. No fue necesario abrir los ojos e incorporarse para saber quién corría hacia él atropelladamente. Se la imaginó con el pelo castaño ondulando suavemente detrás de su cuello, como una capa aterciopelada, mientras que sus pies descalzos se hundían en la mullida hierba. Un golpe sordo le indicó que había saltado la pequeña valla de madera, y que había caído de rodillas al suelo, torpemente, seguramente magullándose las piernas. No hacía falta tener el oído muy fino para percatarse de que estaba a punto de llegar hasta él. Al cabo de varios segundos notó cómo se dejó caer a su lado, con una respiración agitada que rompía la tranquilidad del anochecer.


* * *


Unos párpados se despegaron, dejando al descubierto dos almendras redondeadas.
¿Qué haces aquí? –preguntó, aún entre jadeos.
El hombre se incorporó, dejando el peso de su cuerpo sobre sus antebrazos.
Esperarte –esbozó una media sonrisa, mostrando unos dientes irregulares–. Has tardado mucho.
La joven arrugó levemente el entrecejo, clavando su mirada en la alargada cicatriz blanca que le recorría la parte superior del labio. Alargó la mano y la recorrió con la yema de los dedos, como había hecho ya en varias ocasiones. Su sonrisa se amplió al notar el suave contacto, provocando que la joven dejase de fruncir el ceño.
-Steve... –susurró, mientras sus dedos acariciaban la nariz recta y puntiaguda de él, para posteriormente cerrarle los ojos con sumo cuidado.
¿Qué? –murmuró, notando como su corazón palpitaba con fuerza, desenfrenado, al experimentar la calidez que emanaba de sus finas manos.
Te quiero –acto seguido depositó un delicado beso sobre sus labios, acariciándolos con dulzura, sin importarle que la oscuridad se hubiese adueñado del prado.

Comentarios

  1. Joder qué preciosidad! me ha encantado! es corto pero está lleno de sentimiento :) sublime como siempre.

    ResponderEliminar
  2. Muy bueno. Y dices que nunca habías escrito algo romántico?? Pues te ha quedado de miedo. Ahora... (como siempre tengo que plantearme las cosas desde puntos de vista abstractos XD) Eran humanos ¿no? porque el chico parecia raro... hum... XD

    ResponderEliminar
  3. Pues muchas gracias chicas. La verdad es que me daba miedo que no me quedara muy allá, pero bueno, parece que he acertado.
    Sí, Esther, los personajes son humanos. :) ¿El chico raro? No sé, pero he intentado hacerlo poco agraciado. x) A lo mejor es eso lo que le ves "raro".

    ResponderEliminar
  4. Edurne, para ser el primero te a quedado bastante bien aun que un poco corto para mi gusto, pero muy bonito la verdad. En mi opinión, creo que la descripción del ambiente es perfecta, pero tendrías que de alguna manera relatar más las sensaciones. No se si me entiendes :D
    Pero como siempre me ha encantado.

    ResponderEliminar
  5. Bueno, pues me ha encantado. La verdad es que yo tampoco entiendo por qué andabas tan preocupada pensando si te quedaría mal o qué, porque te ha quedado precioso. Lo único que "vaya" está mal, si es una verja se escribe "valla", y luego, en "notó como se dejó caer a su lado", ese como lleva tilde. Y eso, que me chifla somo escribes, asi que anímate a hacer más relatos románticos, que te quedan perfectos!! Un beso.

    ResponderEliminar
  6. Pues muchas gracias por decirme los errores, ahora mismo lo cambio.
    Estaba preocupada porque nunca había escrito uno así y expresar las emociones y/o sentimientos no se me da bien... (o al menos dentro del ámbito romántico). XD

    ResponderEliminar
  7. Yo opino lo mismo que las chicas, Sun, para ser la primera vez que escribes un relato romántico, te ha quedado muy bien, aunque debo confesar que no es el que más me ha gustado de los que has escrito. Por cierto, ¿el relato es sobre un amor prohibido y clandestino, verdad? al menos eso me ha parecido por la descripción del ambiente y tal. ¡Un beso!

    ResponderEliminar
  8. Ya, a mi madre es el que menos le gusta de todos los que he escrito. x)
    Lo del amor prohibido no me lo había planteado, la verdad. Simplemente quería hacer una situación sencilla, en una cabaña de madera en mitad del campo. :)
    ¡Otro beso para ti! <3

    ResponderEliminar
  9. Qué bonito!
    Te ha quedado muy dulce, la verdad, y no "pasteloso y acarameladamente cursi", que no me gustan nada de ése tipo xD
    Me gustaría ser capaz de escribir de amor como tú, creo que es uno de los pocos géneros que se me resisten. Siempre me queda una mezcla extraña que no inspira sentimientos, ni siquiera es demasiado bonita... O por el contrario, me sale tan cursi que termino vomitando arcoiris TT
    En fin, que me voy por las ramas xD

    Un beso!

    ResponderEliminar
  10. Ha quedado muy bien, sólo hay que hacerse a la idea de que no narra exactamente una historia en sí, sino que es más bien como un trocito sacado de la misma xD

    ResponderEliminar
  11. Me encanta!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Carta a unos profesores muy poco profesionales, (suceso real).

Hola, lectores. Hoy no os traigo ningún relato (lo siento), sino una carta que tuve que escribirles hace unos días a los cinco miembros del tribunal que me evaluaron el proyecto final de mi Ciclo Formativo el día 31 de mayo del 2017. He decidido hacerlo público a modo de denuncia por el trato tan humillante que recibí por parte de dos docentes de dicho tribunal, pues me enviaron correos del todo inapropiados que adjuntaré en esta entrada. He de aclarar que les he cambiado los nombres para preservar sus identidades, por lo que todo son seudónimos. Espero que esta carta sirva para concienciar tanto a alumnos como a profesores (si es que hay algún docente que me lee). En fin, aquí la tenéis:

A la atención de los miembros del tribunal: Siento haber tardado tanto en daros una explicación formal del comportamiento que tuve el día 31 al conocer mi nota, pero creo que lo mejor era dejar pasar un tiempo dada la situación que mis malos modales crearon. Mi respuesta va a ser muy larga, aun así me gu…

Crítica de «La Bella y la Bestia», 2017.

Esta entrada no estaba prevista, de hecho, decidí hacerla nada más salir del cine, el día 18 de marzo. Imaginaos si mi crítica era destructiva que decidí esperarme a ver la película en versión original subtitulada (la vi doblada, sí. Un grave error, pero fui acompañada y no pude elegir) para no publicar nada en caliente de lo que más tarde pudiera arrepentirme. Hice bien. Os advierto que, ahora que la he visto doblada y en v.o.s., la crítica va a contener mi más sincera opinión y que por lo tanto, hay spoilers de la película. Si no la habéis visto todavía y no queréis que os chafe nada, será mejor que no sigáis leyendo. Quien avisa no es traidor. (Que se lo digan a Petyr Baelish). Empecemos por el principio: La Bella y la Bestia —la película de animación de 1991— significa mucho para mí. Muchísimo. No es una película Disney de animación como las demás, sino que consiguió apartarse de sus predecesoras y marcar el inicio de un nuevo camino. Además, hay otros motivos personales que la convie…

El caos de las emociones.

Una gota de sangre emerge de mi piel cuando presiono el bisturí contra mi muslo derecho, sin apenas hacer uso de la fuerza. La gota brilla como un rubí. El corte escuece, pero no me importa. Aprieto un poco más y la cuchilla se hunde en mi carne unos milímetros. Trago saliva, inspiro hondo y arrastro el bisturí de golpe, en un rápido movimiento que me produce un corte largo, limpio. La gota de sangre se convierte en una línea carmesí, de un color mucho más vivo que mi tez cerúlea. El contraste casi parece hermoso. Exhalo el aire de los pulmones. Mi corazón late al ritmo de un tambor de guerra y, sin embargo, reina la paz. La única guerra que se produce es la de mi raciocinio contra mis emociones. El «no lo hagas» frente al descontrol que crea la necesidad. Repito el proceso una y otra vez, de forma automática. Aprieto los dientes cuando veo mi muslo convertido en las cuerdas tensas de un arpa. La sangre forma una cadena de rubíes sobre los trazos, la piel de alrededor está irritada. Mi …