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Él.

–¿Dónde está el dinero, viejo estúpido? –escupió, mientras le apuntaba con un revólver.
El hombre retrocedió, gateando torpemente por el suelo hasta topar con un mueble de la cocina.
–Por favor –suplicó, gimoteando–, no... no me haga daño.
Steve se pasó una mano por la frente perlada de sudor, con un ágil movimiento, molesto.
–Dime dónde demonios lo guardas –masculló, quitándole el seguro al arma.
El anciano se encogió sobre sí mismo, temblando debido a los nervios. Cerró los ojos para que la sangre que descendía por su ceja derecha no se le metiera dentro. El ladrón apuntó a su cabeza mientras sonreía maliciosamente.
–Te voy a mandar derecho al Infierno.
Antes de que pudiese apretar el gatillo, un golpe seco le hizo detenerse.
–¿Hay alguien más en la casa? –le preguntó, sin esperar que su victima le respondiera.
El octogenario rompió a llorar, visiblemente convulso.
Steve bajó el arma y salió de la cocina a toda prisa, en busca de la persona que podía delatarle a los guardias si salía de la casa antes de que pudiera detenerle. El ruido se había escuchado fuerte, así que supuso que provenía de alguna de las habitaciones cercanas a la que se encontraba. Escrutó con la mirada cada rincón del comedor, pero no había nadie. Se deslizó en silencio por la lúgubre morada, a oscuras, con los gimoteos del anciano como banda sonora. Arrugó el entrecejo antes de entrar en el dormitorio, apretando fuertemente la culata del revólver mientras se humedecía los labios resecos. Una vez dentro, se asomó debajo de la cama. Nada. Suspiró, clavando la mirada en un armario enorme, situado en una esquina de la estancia. Se acercó a él, caminando a paso de tortuga, evitando hacer crujir la madera del suelo. Acarició el pomo dorado con las yemas de los dedos, para luego aferrarlo fuertemente y abrir la puerta de golpe, haciendo chillar a la mujer que se escondía dentro.
–Vaya, que grata sorpresa –esbozó una sonrisa macabra mientras trataba de atravesar su camisón con la mirada.
La señora echó a correr, pero Steve rodeó su cintura con un brazo y la aplastó contra él, presionando el cañón del revólver contra su sien.
–Oh, vamos, deja de llorar –le susurró al oído–. Así no vas a solucionar nada.
La sujetó fuertemente por el brazo y la arrastró fuera del dormitorio mientras ella se retorcía como una lagartija, intentando zafarse. La condujo a la cocina, donde el anciano permanecía en el suelo, tembloroso.
–Dime dónde está el dinero o le vuelo los sesos a tu mujer –la puso de espaldas a él, sujetándola por el cuello mientras volvía a presionarle la sien con el arma.
–Está en... en.. la alacena –logró musitar, respirando con dificultad.
El ladrón sonrió al comprobar que lo que le había dicho el hombre era cierto: dentro del mueble encontró un tarro de cristal con un fajo de billetes.
–Gracias –murmuró, antes de cambiar la dirección del revólver y apuntar directamente a la cabeza del octogenario.
La señora forcejeó, intentando librarse de la mano que le oprimía el cuello, frenética, mientras las lágrimas humedecían la piel de sus mejillas.
–¡No! –gritó, frustrada–. ¡Por favor!
Steve apretó el gatillo, haciendo que la bala se deslizara por el aire como un torpedo e impactara contra la frente del anciano, perforándole piel, hueso y cerebro, salpicando el mueble, las paredes y el suelo de sangre carmesí. La mujer chilló a pleno pulmón, histérica, mientras trataba de acercarse a su marido. Finalmente, el ladrón la soltó, permitiendo que la señora se reuniera con el cadáver ensangrentado.
–¿¡Por qué lo has hecho!? –estalló, mirándole desde el suelo.
Steve sacó el dinero del tarro y se guardó los billetes en un pequeño saco que llevaba colgado al cinto.
–Porque me ha hecho perder el tiempo al no decirme dónde se encontraba el botín desde un principio –se acuclilló enfrente de ella, mirándola con la cabeza ladeada–. Y porque me ha dado la gana.
El ladrón la volvió a sujetar del brazo, apretándolo con fuerza y obligándola a levantarse del suelo. La señora intentó zafarse de nuevo, esta vez pidiendo auxilio a voz en grito con la intención de que le escucharan los vecinos.
–El disparo se ha oído por todo el pueblo y nadie ha venido a ver qué pasaba, ¿de verdad piensas que vendrán a socorrerte?
–¡Estás loco! –exclamó, entre sollozos desconsolados.
El asesino sonrió, burlón, abrazando el cuerpo fornido de ella.
–No, querida. Si de verdad lo estuviera, no estarías tan asustada.


* * *


Irrumpió en la mugrienta taberna arrastrando tras de sí a la mujer que había secuestrado horas antes. No le había sido demasiado difícil transportarla hasta el pueblo vecino, puesto que la había dejado inconsciente de un golpe en la cabeza para poder montarla en su caballo y traerla hasta allí. Había recobrado el sentido momentos antes de que llegaran a su destino, y había intentado escapar como lo había tratado de hacer cuando aún se encontraba en su hogar, con pésimos resultados.
–¡Steve! –saludó el dueño del local desde el otro lado de la barra, mientras limpiaba una jarra de cerveza con un trapo sucio–. ¡Cuánto tiempo! Me alegro de verte, bastardo.
Los hombres que ocupaban las diversas mesas se giraron, curiosos, clavando la mirada en los nuevos clientes. Todos iban desastrados, con el pelo seco, la piel arrugada y desprovistos de varios dientes, hablando con un tono de voz demasiado alto, montando barullo como si estuvieran en un gallinero, señalando y criticando a los recién llegados.
–Lo mismo digo –declaró él, acercándose a su amigo sin soltar a la mujer.
–¿Quién es? –el tabernero la señaló con el mentón y una ceja arqueada hacia arriba.
–La mujer de un viejo al que maté hace varias horas –confesó, sonriente–. ¿Alguno de vosotros la quiere? –gritó, para que se le escuchara entre tanto jaleo.
Enseguida varios hombres se levantaron de las sillas, vociferando, silbando y haciendo ruidos obscenos. Steve sonrió, empujándola en contra de su voluntad hacia ellos, que la cogieron entre varios y se la llevaron por la puerta de atrás de la taberna.
–Matadla cuando os hayáis cansado de ella –les ordenó, consciente de que si la dejaban viva avisaría a los soldados y los detendrían a todos.
El dueño del local puso los ojos en blanco.
–¿Qué? –Steve volvió a enseñar los dientes.
–Eres de lo que no hay –dejó la jarra en su sitio y cogió otra para poder limpiarla también–. Sólo espero que los guardias no te atrapen.
El ladrón se apoyó en la barra, despreocupado.
–Si lo hacen, escaparé –aseguró, clavando su mirada oscura en su amigo.
–Eres el asesino más buscado de los últimos siglos, Steve, y le han puesto un precio muy alto a tu cabeza –comunicó–. Lo que me extraña es que ninguno de estos desgraciados haya intentado capturarte para cobrar la recompensa.
–¿Por qué iban a hacerlo? –el ladrón se sentó en un taburete–. Les traigo todas las mujeres viudas que puedo, es normal que estén agradecidos.
Su amigo rió a mandíbula batiente.
–Cierto. Pero de todas formas no te confíes y vigila tu espalda: puede que te lleves una puñalada cuando menos te lo esperes.
Steve esbozó una sonrisa siniestra, sintiéndose invencible, lleno de energía y vitalidad, dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir dinero y retozar con mujerzuelas de vida alegre, sin importarle que su cabeza pudiera servirse en una bandeja de plata, ignorando las advertencias de su compañero y ansioso por disfrutar de cada minuto de su libertad.

Comentarios

  1. Vaya vaya con Steve... un poco cabrón ¿no? Hum... pobres mujeres y pobre viejo. yo no tengo paciencia pero supongo que con una paliza hubiera bastado XDD me ha gustado mucho su presentación, estoy deseando seguir leyendo los "Flash Back" de Steve y su chica ^^ Besotes preciosa!!

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  2. Estoy con Esther, Steve es un cabronazo XD. Aunque lo cierto es que me gusta eso de que el protagonista de una historia romántica no sea el típico héroe, que está buenísimo, es generoso, valiente, leal, y muy bueno en la cama XD. Es un cambio refrescante. Sólo una pequeña pega: has puesto "nadie a venido a ver qué pasaba". Es "ha venido". Por lo demás, me ha gustado bastante, espero la siguiente parte. ¡Un beso!

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  3. Muchas gracias, chicas. :) ¡Y gracias, Athenea, por decirme el error! No me había dado cuenta. XD

    La verdad es que Steve es todo lo contrario a un héroe, jajaja, pero guarda muchas sorpresas. No os preocupéis; dentro de poco subiré la "presentación de Amber", a ver qué os parece.

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  4. :O Me ha encantado la presentación de Steve, espero ansiosa que subas la de Amber :)
    Es una historia muy diferente a todas las que he leído y está genial. Por cierto te sigo :)

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