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Ella.

Troceó las hortalizas sobre una tabla, a cachitos pequeños, para posteriormente introducirlas en un puchero de agua hirviendo. Añadió sal y removió el contenido con una cuchara de madera.
–¿Falta mucho para la comida?
La sirvienta se giró al escuchar su voz.
–No, señora –se alejó del fuego para sacar de un rústico cajón la cubertería de plata–. Si le parece, voy a ir poniendo la mesa mientras se hace la sopa.
–Claro.
La criada fue a salir de la cocina con los cubiertos en la mano, hacia el comedor, pero antes de que cruzara el vano de la puerta, su señora le formuló una segunda pregunta:
–¿Y Amber?
–En el columpio, creo –hizo una reverencia y se retiró.
La mujer puso los brazos en jarras, frunció el ceño y salió al jardín por una estrecha puerta de madera que daba al patio.


* * *


Se balanceaba con fuerza, tomando impulso con las piernas e inclinándose hacia atrás, haciendo ondear la tela de su vestido blanco, mientras su pelo castaño se revolvía sobre su cuello y espalda, siguiendo el ritmo de sus piernas. Cerró los ojos con fuerza, y tomó más impulso, imaginándose que saldría volando en cualquier momento. Sonrió, dejando a la vista unos dientes regulares, níveos.
–¡Amber!
Despegó los párpados bruscamente, volviendo a la realidad con tanta rapidez que estuvo a punto de perder el equilibrio y caer al suelo. Se aferró a las gruesas cuerdas que sujetaban el asiento de madera, apretando los dedos con fuerza mientras disminuía la velocidad paulatinamente.
–¿¡Qué estás haciendo!?
Su madre caminaba apresuradamente hacia ella, con cara de enfado.
–Columpiarme –se retiró varios mechones de pelo castaño que caían sobre su rostro con rebeldía.
–Te he dicho mil veces que las señoritas no se columpian de esa manera –suavizó el tono de su voz, pero seguía estando molesta.
Amber apretó los labios.
–Lo sé, pero no entiendo qué hay de malo en...
–Bájate ahora mismo de ese trasto mugriento y cochambroso y entra en casa, la comida ya casi está lista.
Su hija apoyó las puntas de los pies en el suelo, rozándolo con los zapatos mientras el columpio seguía un suave movimiento pendular, levantando una fina capa de polvo.
–Eso, encima ensúciate el vestido –bufó su madre–. Podrías estar haciendo algo de provecho, en lugar de perder el tiempo con estas cosas de crías.
La muchacha se bajó del balancín de un pequeño salto, malhumorada, y caminó hacia su casa a paso ligero sin mirar a su madre, que la seguía arremangándose los bajos del atuendo.


* * *


La criada destapó el puchero con una manopla, provocando que una nube de vapor se escapara hacia el techo. Removió su contenido con una enorme cuchara sopera y sirvió un par de cucharadas en un plato de porcelana.
–¿Así está bien, señor?
El hombre alzó sus cejas encrespadas.
–Perfecto.
La sirvienta repitió el gesto con su señora y con la hija de ésta, para más tarde retirarse a un rincón de la habitación a esperar a que requiriesen sus servicios.
–Amber, querida, tu padre y yo tenemos que comunicarte algo.
La joven alzó la vista del plato mientras se llevaba una cucharada de sopa a la boca, aprovechando el sabor del caldo y las hortalizas al máximo, intuyendo que algo no marchaba bien. Antes de que pudiera decir algo, su madre volvió a hablar:
–Te vas a casar.
La joven palideció, dejando caer el cubierto sobre el plato, salpicando la mesa con el líquido amarillento.
–¡Amber! –la reprendió–. ¿¡Qué modales son esos!?
La muchacha desvió la vista hacia su padre, que contemplaba hierático su ración intacta.
–¿Con quién? –murmuró, sin desviar la mirada de su progenitor.
–Con el señor Steiner.
–¿Qué? ¿Por qué?
Su madre arrugó el entrecejo.
–¡Oh, vamos, Amber, no pongas esa cara de susto! –exclamó, irritada–. ¡Tampoco es para tanto!
La joven abrió la boca, incrédula.
–¿¡Cómo voy a casarme con alguien a quien no quiero!?
–¡A mí no me hables con ese tono, jovencita! –su madre elevó la voz, alarmando a la sirvienta–. ¡El señor Steiner es el marido más apropiado para ti!
–¿¡Cómo lo sabes!? –Amber se levantó de la mesa, furiosa–. ¿¡Acaso te has preocupado por mis sentimientos!?
Su madre la imitó, ignorando tanto a su marido sumiso como a la criada incompetente.
–¡Conoces a ese muchacho desde muy pequeña, Amber! ¡Y tú mejor que nadie sabes que es educado, inteligente, apuesto y muy rico! ¡Cuidará de ti y vivirás una vida plena junto a él! ¡No importa que ahora no le quieras, el amor vendrá con el tiempo!
–¿¡Es por el dinero!? –estalló ella, haciendo resonar su voz por toda la casa–. ¡¡Me estáis vendiendo como a un vulgar puerco!!
Su madre le propinó una fuerte bofetada, provocando que la piel pálida de su mejilla se tornase grana rápidamente. Amber se llevó la mano a la zona dolorida, mientras que sus ojos de caramelo expulsaban un par de lágrimas amargas.
–El señor Steiner vino a pedirme tu mano ayer, por la mañana –comenzó su padre–. Andamos faltos de dinero y con lo que nos pasa tu hermano no tenemos suficiente para mantenerte, así que accedí.
–No tenéis lo suficiente para mantener a una hija, pero sí para mantener a una criada –susurró ella, sin poder controlar las gotas saladas que rodaban por su rostro hasta llegar a la barbilla.
Su madre se sentó de nuevo en la silla, calmándose un poco.
–No podemos despedirla, ¿qué dirían las demás mujeres respetables de la ciudad? –se colocó una servilleta de tela sobre el regazo–. Asúmelo, Amber; una futura boda es lo mejor que nos podría pasar a todos.
La joven recorrió con la mirada los rostros de los allí presentes, entre incrédula y frustrada, pensando que aquello no era más que una pesadilla.
–Temínate la sopa –le ordenó su madre.
Amber ni siquiera la miró cuando salió corriendo del comedor, atravesando un largo pasillo hasta llegar a la puerta principal. La abrió y desapareció por el vano, sin ni siquiera preocuparse de volverla a cerrar.


* * *


Movía las piernas tan rápido como podía, dispuesta a salir del jardín lo antes posible. Una vez conseguido, cruzó un pequeño puente de madera y siguió sin detenerse por el camino empedrado que conducía hasta la ciudad. No había mucha gente por la calle, ya que a esas horas los ciudadanos aún estaban comiendo. Disminuyó la marcha de su carrera, sofocada, hasta que finalmente se desplazó andando tranquilamente, con la respiración agitada y el corazón palpitando con fuerza dentro de su pecho. Se había alejado mucho de casa y su madre estaba tan enfadada con ella que no querría verla hasta pasadas varias horas, así que no había peligro de que mandaran a alguien a buscarla.
Decidió bajar hasta el puerto para que la brisa marina la despejase un poco, llevándose con ella el calor y los recuerdos de la discusión que había mantenido con su progenitora hacía un rato. ¿Cómo iba a casarse con ese chico? Era cierto que habían compartido la infancia y que entre ellos había surgido una bonita amistad, pero nada más. ¿Cómo era posible que Matthew hubiera organizado todo aquello sin consultárselo primero?
Se apoyó contra la fachada de una pequeña casa, al lado del embarcadero y cerró los ojos, terriblemente frustrada, rememorando la escena una y otra vez hasta que unas voces masculinas la sobresaltaron:
–Llevadle a los calabozos –ordenó un oficial–. Encerradle y aseguraos de que alguien se queda vigilándole.
–Sí, señor.
Amber despegó sus párpados y se giró hacia ellos. A varios metros de donde se encontraba, tres soldados conducían a un preso a los calabozos. Unos grilletes oprimían sus muñecas detrás de la espalda, haciéndole rozaduras y dejándole la piel en carne viva. El pelo moreno caía sobre sus ojos oscuros, ocultando una mirada siniestra.
–Mañana se terminarán tus días de gloria –le dijo uno de los hombres al oído, burlón.
El recluso rió, malévolo.
–No lo creo.
–Vuelve a abrir la boca y te corto la lengua –uno de los oficiales desenvainó un puñal y se lo acercó a la barbilla.
Steve sonrió, poniendo a prueba la paciencia de los tres soldados.
–Señorita –Amber miró al oficial al mando, que había llamado su atención–, le recomiendo que se marche a casa; no es seguro que ande sola con criminales como éste acechando tras las esquinas.
La joven desvió la mirada hacia el prisionero, que la escrutaba con los ojos negros de un buitre, con descaro desmesurado, mientras que una sonrisa macabra se ampliaba en su rostro.
Tragó saliva, nerviosa.
–Por suerte estáis vosotros aquí para capturarlos.
–Aún así es mejor que permanezca en casa –le recomendó–. Al menos hasta que mañana ejecuten a este bastardo y la tranquilidad vuelva a su cauce natural.
Los soldados continuaron su camino, llevándose por la fuerza al nuevo preso, que seguía con la mirada clavada en la muchacha.
–Con suerte esta noche se lo comerán las ratas –dijo otro, propinándole un suave codazo en el costillar a su compañero.
–Sí, esta noche no volverá a escapar.
Amber se apoyó contra la pared de la casa, notando como las piernas le temblaban con virulencia bajo el vestido, con el corazón encogido y sintiéndose más indefensa que nunca.

Comentarios

  1. Aiis !! Presiento que esta relación va a traer cola.. Steve me hechizó y Amber.. Ya veremos. xDD Avisa para el próximo capi porque yo estaré aquí para comentártelo. ;)

    Momobesos de peluche.

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  2. ¡¡¡Pobrecita Amber!!! Y su madre... ¡Jopelines! Es una víbora XD. Me ha gustado mucho cómo se conocen Steve y ella, porque así Amber sabe desde el principio que él no es ningún príncipe azul. En serio, no es por hacerte la pelota, me están gustando mucho estos relatos-flasbacks. Es bastante original hacer una historia así. En fin, espero la siguiente parte pronto. ¡Un beso!

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  3. Joder.... odio, odio, ODIO a las madres que soo quieren el dinero y venden a sus hijas ¬¬ Siempre igual, sin consultar. No me extraña que Amber se cabreé, es degradante. Me ha encantado y Steve XDDd Que subidito que va el chico XDD Mola, es tan abstracto ^^ Me encanta!!! Esperando el siguiente relato-flashback ;P Besoteeees!!

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  4. Buf, Steve es un hijoputa, ya lo siento, pero es así; aunque como dice Athenea, es genial que Amber lo sepa desde el principio... ¡A ver cómo se desarrolla el asunto!

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  5. Pequeña, tienes una sorpresa en mi blog!

    http://losrecuerdosdelolvido.blogspot.com/p/sexto-premio-aunque-parezca-imposible.html

    PD: Cada vez que doy un premio a un blog, dejo la "biografía" de este para que la gente pueda saber qué trata. Espero que la leas y me des tu opinión!

    Un beso(:

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  6. Lo acabo de ver. MUCHÍSIMAS GRACIAS, en serio. :') Lo que has puesto me ha emocionado; es que hasta tu opinión la escribes con arte.
    De verdad, muchas gracias, me has alegrado el día. :)
    ¡Un beso muy muy fuerte!

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