Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de mayo, 2011

Tal vez en un futuro muy muy lejano.

–¿Quieres que me desnude?
Se llevó las manos a la hebilla del cinturón de manera sugerente mientras su mirada atravesaba el aire como un cuchillo afilado, clavándose directamente en mi corazón. Desvié la vista hacia el suelo, nerviosa, y comprobé por el rabillo del ojo como una media sonrisa afloraba en su rostro, satisfecho consigo mismo: había conseguido hacerme sonrojar. –No, no hace falta –me tembló la voz a pesar de que me esforcé para que sonara lo más firme posible. –¿Qué quieres que haga? –su tono seductor inundó mis oídos, turbándome momentáneamente. –Siéntate en el sofá. Me obedeció en silencio, sin borrar esa enigmática sonrisa de sus facciones varoniles. Le contemplé durante unos instantes, analizando la escena en su totalidad y me sentí paradójicamente observada. Me acerqué a la ventana y descorrí las cortinas para que entrara la luz e iluminara mejor el comedor. Después volví a situarme enfrente de él. –Túmbate. No, recuéstate. Sonreí para mis adentros, consciente de …

Tenía la necesidad de hacer algo malo, sin importarle las consecuencias que pudiese acarrear.

Steve blandió el hacha, elevándola por detrás de su nuca y descargándola con fuerza sobre el tronco, partiéndolo limpiamente por la mitad. Se secó el sudor de la frente con la manga de la camisa, colocó otro tronco sobre la base de madera y volvió a partirlo con el filo del hacha.
–¿Vamos a encender la chimenea? Amber, sentada sobre un pequeño bordillo que rodeaba la casa blanca de madera, estiró sus finas piernas y se arremangó el vestido, dejando que los rayos del sol bañasen su piel nívea. Steve se giró y la observó con interés, clavando su mirada oscura en los ojos inocentes de ella. –Se acercan nubes de tormenta –contestó, recogiendo los pedazos de leña que había partido y colocándolos dentro de un capazo–. Esta noche hará mucho frío y tendremos que encenderla. Caminó hacia la casa para depositar la carga dentro, pero antes de desaparecer por el vano de la puerta estiró la mano hacia ella y le acarició la mejilla con las yemas de los dedos, en un rápido movimiento casi imperce…