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Ojo por ojo y diente por diente.

Héctor arrojó su mochila dentro del maletero, de golpe, y lo cerró dando un fuerte portazo. Él también había tenido la semana llena de pruebas académicas y el estrés del estudio le había puesto de mal humor. Odiaba que se le acumulasen los exámenes en una misma semana.
Abrió la puerta del piloto y se sentó en el asiento. Se llevó los dedos a las sienes y suspiró. Al menos el pasado martes había sido el cumpleaños de Sun y le había podido regalar algo bonito. Merecía la pena haber pasado por todo ese estrés sólo para verla sonreír con la timidez que tanto le caracterizaba.
Arrancó el coche, encendió la música, introdujo un cedé lleno de heavy metal y metió primera.


* * *


El corazón estaba a punto de escapárseme por la garganta de un momento a otro. Tenía la esperanza de estar sufriendo una alucinación, pero desgraciadamente mi vista no me fallaba: Paula, Bea, Martín y Rubén caminaban varios metros detrás de mí. Tuve la tentación de echar a correr, pero mi casa estaba demasiado lejos y acabaría cansándome enseguida, sin darme tiempo a llegar hasta mi refugio. Aún así, empecé a caminar más rápido. Sabía que lo que querían era averiguar dónde vivía, pero no estaba por la labor de otorgarles ese privilegio, así que me desvié por una calle para intentar despistarlos. Cuando volví a darme la vuelta me percaté de que estaban más cerca, así que procuré dirigirme a una avenida que solía estar llena de transeúntes. Sabía que con testigos no se atreverían a hacerme nada y podría escabullirme fácilmente entre la multitud, pero para llegar hasta allí tenía que pasar primero por un par de callejuelas poco recomendables.
-¡Eh! –uno de los chicos gritó detrás de mí–. ¿¡Dónde vas con tanta prisa!?
Se escucharon risas y pasos apresurados. Se estaban acercando. Me puse demasiado nerviosa y empecé a correr con la mochila pegada en la espalda, sin pararme a pensar en las consecuencias que tendría ese acto de cobardía. Lo único que tenía en mente era la avenida principal llena de gente. Nunca había añorado tanto estar rodeada de personas, notar como te rozan al pasar junto a ti, las miradas, los perfumes fuertes, las respiraciones, el sudor.
–¡Eh! ¡Ojos de Pez! –el ruido de sus pisadas se agravaron, aumentando tanto la intensidad como la velocidad–. ¡Para!
Escuché la voz de Rubén pegada a mi cogote. Me habían alcanzado. No tardó ni medio segundo en agarrarme del brazo y detenerme.
–¿Qué haces? –Martín fue el segundo en llegar hasta mí y Rubén por fin me soltó–. ¿Por qué huyes?
Mi corazón palpitaba con fuerza. Necesitaba recobrar el aliento. Desde luego no estaba hecha para hacer deporte.
Bea se me acercó con movimientos sinuosos; cuando se lo proponía parecía realmente una gata. Paula la seguía de cerca y en cuanto estuvieron de nuevo los cuatro juntos, se pusieron todos delante de mí formando una barrera delante de mi escapatoria.
–¿No te fías de nosotros? –la rubia jugueteó con un tirabuzón de su pelo–. ¿Tan mal te caemos?
Sus palabras destilaron un aire socarrón y mordaz que no me gustó nada.
–¿Qué queréis? –pregunté, a la defensiva.
Paula se encogió de hombros.
–Hablar.
Hubo un silencio demoledor que me resultó difícil de soportar.
–Venimos a proponerte un trato –Bea dio una vuelta alrededor de mí, evaluándome.
¿Un trato? Su oferta me dio mala espina. No les pegaba ser amables, y mucho menos conmigo.
–¿Qué trato?
–Mira, mosquita muerta –Paula se inclinó hacia mí, mirándome fijamente a los ojos–, deja en paz a Héctor. Puedes quedarte con el negro, si así lo prefieres, pero a Héctor ni te acerques, ¿queda claro?
Parpadeé varias veces seguidas, asustada. ¿Cómo podía trasmitir tanto odio la voz de una adolescente de diecisiete años? El rubio le había dejado bien claro que no quería nada con ella, y sin embargo, Paula seguía flagelándose con algo que era imposible.
Me miré disimuladamente la mano derecha, concretamente el dedo donde llevaba el anillo que me había regalado por mi cumpleaños. Si se enterasen de eso... No me lo quise ni imaginar.
–Si le dejas en paz –empezó la rubia–, nosotros no contaremos tu secreto.
¿Mi secreto? ¿Qué secreto? No entendía nada. Yo no ocultaba ninguna cosa, a no ser... Se me heló la sangre de golpe. A no ser que siguieran con la idea equivocada de que Fernando y yo estábamos liados y decidieran propagarlo por todo el instituto. O tal vez se estuvieran refiriendo a algo relacionado con Max. ¿Habrían descubierto que nos habíamos visto fuera del instituto? No, no tenían pruebas, pero aún así...
Me mordí el labio inferior, visiblemente preocupada.
–¿Qué secreto? –pregunté con cautela.
Bea bufó, molesta.
–No te hagas la tonta.
–No sé de qué estáis hablando.
La rubia apretó los dientes, me agarró por el cuello del jersey y me estampó contra la fachada de uno de los edificios.
–Bea, déjala –ordenó su amiga, que obedeció de inmediato–. ¿De verdad no sabes de qué estamos hablando?
Negué con la cabeza y Paula se acarició un pómulo mientra me miraba con una sonrisa peligrosa.
–Seré más clara –avanzó unos pasos hacia mí, acorralándome contra la pared–. ¿Quieres que le digamos a todo el mundo que cometiste un asesinato?
Se me paró el corazón. Esa chica estaba loca.
–¿Quieres que colguemos carteles por todo el instituto –continuó–. informando a todos de que empujaste a tu padre para que cayera por un acantilado?
Mi corazón volvió a latir tan desenfrenado que notaba el pulso en las sienes. ¿Cómo se habían enterado de la muerte de mi padre? Eso sólo lo sabían mi madre y mi tío. Me empezó a faltar el aire. ¿De dónde lo habían sacado? Empecé a respirar con dificultad, angustiada. La información, la hubieran sacado de donde la hubieran sacado, era falsa. No maté a mi padre. En esa época yo tenía seis años, ¿cómo iba a hacer algo semejante siendo una niña? Simplemente se resbaló porque el suelo estaba húmedo.
Noté como me empezaba a hervir la sangre. Habían sacado mi pasado de algún sitio y encima lo estaban modificando a su antojo, creando una imagen de mí misma vil y miserable, creando a otra persona que nada tenía que ver conmigo.
–Eso es mentira –susurré, con firmeza.
Tenía las mejillas y las orejas ardiendo. Apreté el puño derecho instintivamente, clavándome las uñas en la palma de la mano.
–¡Le mataste! –me gritó–. ¡Reconócelo! ¡Eres una maldita asesina!
Y antes de que pudiera volver a escupir otra de sus despiadadas mentiras le pegué un puñetazo en la cara con toda la fuerza que fui capaz de reunir. Paula se cayó al suelo de culo soltando un grito de dolor, desconcertada. Sus amigos se quedaron paralizados, sin saber qué hacer. Incluso yo me quedé inmóvil, consciente de que estaba en serios problemas. Después de unos segundos de tensión la muchacha se retiró el pelo castaño de la cara, dejando al descubierto un chorro imparable de sangre y una nariz rota.
–¡Paula! –Bea se acuclilló a su lado–. ¡Paula! ¿Estás bien?
Rubén y Martín me miraron fijamente, amenazadores.
–¿¡Qué coño has hecho!? –me gritó uno de ellos.
Me empecé a sentir mareada. Nunca imaginé que fuese capaz de hacer algo semejante, pero lo había hecho y ya no había vuelta atrás. Había agredido a una muchacha. Me había saltado mis principios, pero en ese momento sentía tanta rabia que no había sido capaz de pensar. Se lo tenía merecido. Me había estado amargando la vida desde que empezamos el curso. Y ya estaba harta. No iba a tolerar ni un insulto más.
–¡Ni se te ocurra volver a dirigirme la palabra! –le chillé–. ¡No te atrevas ni a mirarme!
Paula empezó a ponerse en pie con ayuda de su amiga. Creo que el golpe le había hecho perder la orientación. Debía de estar igual de mareada que yo.
–¡Maldita puta! –Rubén caminó hacia mí, con el puño preparado.
Antes de que llegara a tocarme se detuvo, con los ojos como platos mirando algo que había detrás de mí, asustado. En ese momento escuché el rugido del motor de un coche a mis espaldas, y no pude evitar hacerme a un lado, aterrada. Estaba convencida de que me iban a atropellar, pero el vehículo rojo frenó de golpe, haciendo rechinar los neumáticos. Me quedé pegada a la pared, sin ser consciente de lo que realmente estaba pasando. La puerta del piloto se abrió con rapidez y una larga melena rubia me deslumbró rápidamente. ¿Héctor?
–¿¡Qué coño está pasando aquí!? –bramó, fuera de sí.
El motor del coche seguía zumbando ya que no se había molestado en apagarlo.
Estudió rápidamente la situación con sus ojos castaños: Paula por fin en pie, tambaleándose, con la boca, el cuello y el suéter impregnados de la sangre que salía a borbotones de una nariz increíblemente torcida. También tenía las manos manchadas de carmesí debido a que se había estado tocando la cara. Bea estaba a su lado, sujetándola por el brazo. Martín y Rubén situados peligrosamente cerca de mí.
–¡Sube al coche! –me ordenó a voz en grito, acercándose a nosotros.
Mis piernas no me respondían. Estaba temblando y sentía que me iba a romper en cualquier momento. Rubén aprovechó mi momento de debilidad para arremeter contra mí, pero antes de que sus nudillos rozasen mi piel, Héctor le detuvo, doblándole la mano de manera inhumana y haciendo que su muñeca crujiera, resentida. El chico aulló de dolor.
–Tócala y te mato –masculló, dándole un fuerte empujón y tirándole al suelo.
Martín fue a socorrerle y el rubio pensó que era un buen momento para largarnos de allí, por lo que me llevó hasta el coche prácticamente en volandas y me introdujo dentro con la mochila incluída, -que acabó en el suelo del vehículo-, sentándome en el asiento del copiloto. Me cerró la puerta y rodeó el capó del automotor para después entrar él y dar marcha atrás a toda pastilla.
Lo último que vi antes de que las lágrimas me nublaran la vista fueron las miradas venenosas de los cuatro repetidores. Fue entonces cuando comprendí que a partir de ese día mi vida iba a dar un giro demasiado brusco.

Comentarios

  1. Wowowowowowow. Ya era hora de que Sun les plantará cara a esos "desgraciaos" XDD. Me ha encantado cuando le ha dado el puñetazo en la cara a la zorra ésa, se lo tenía bien merecido... Pero ahora sí que le van a hacer la vida imposible a la pobre Sunny. Aunque tenga a Héctor (que cada vez me gusta más) para protegerla. ¡Qué mono! Le ha regalado un anillo.

    ¡En serio, aún estoy flipando! Le ha metido un puñetazo a la puta zorra esa (perdón por mi vocabulario, pero es lo que es). Quiero leer lo que va a pasar después... ¿Besará Héctor a Sun? ¿La reprendrá por ser tan impetuosa? ¿LA felicitará? ¿Se pondrá en plan mandril, y la poseerá salvajemente en los asientos traseros del coche?

    Aiiiiiis!!! Qué mala eres. Sube pronto otro relatillo que cuente algo de lo que pasa después, please. ¡Un beso!

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  2. :O
    Madre mía, me ha encantado. La p*** Paula se lo merece, ¿cómo se atreve a amenazarla así? ¡Qué cerda! Y por fin Sun ha reaccionado.
    Y ese crack... ¿es Yanko? ¿Es Max? ¡NO!, ¡¡¡es Héctor!!! Jajajaja, me encanta ese chico. =) Y no es la primera vez que la salva de los cuatro...
    Total: I love it. Ha estado genial, Sun. :)

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  3. Me alegra que os haya gustado, chicas. :)
    Y sí, ya era hora de que Sun les plantara cara a esos cuatro sinvergüenzas. Paula se lo tenía bien merecido, pero Sun se va a meter en serios problemas.
    -¿Qué pasará cuando los profesores (el tutor, el director, etc) se enteren de lo sucedido?
    -¿Qué pensará Fernando de su sobrina?
    -¿Qué hará el pelirrojo cuando se entere del comportamiento de Sun?
    -¿Cómo reaccionarán sus compañeros de clase si se enteran de lo que ha pasado?
    -¿Afectará el comportamiento que ha tenido Sun en su vida académica?
    Deberíais reflexionar acerca de esas preguntas. xD
    Por cierto, no sé si subiré algún fragmento más de la historia. Es que no quiero desmembrar más los acontecimientos. Quiero que todo lo demás sea sorpresa y que lo leáis si alguna vez se llegase a publicar el libro. Es que esta escena es un punto y aparte en la historia y a partir de este momento van a cambiar muchas cosas, por lo que es mejor que no desvele nada más.
    Eso sí, prometo poner más relatos ficticios para "contentaros". :)

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  4. AYAYAYAYAYAYAYAYAYAYAAYAYAYAYAYAYAYAYAYYA....!!

    Me he enamorado de Héctor, del relato y... bueno, de la historia en general ya llevaba enamorada mucho tiempo! xD

    En serio, es que no sé cómo lo haces. Nunca jamás un libro publicado sólo en Internet había conseguido meterme tanto en la historia. Siento tanta empatía que en los momentos de tensión me late el corazón tan rápido como a Sun. De verdad, mi cara mientras te leo es un poema xDD

    Qué decir. Tan bien como siempre, aunque has ido mejorado con el tiempo, claro :) Aún recuerdo cuando empecé a leer tu blog... ^ ^
    Espero que haya otro relato pronto *-* Me siento realizada después de leerlos jajaj xD

    Bueno, seguiré a la espera de un nuevo trocito de Sun ^^

    PD: Me estás haciendo elegir entre Max y Héctor y me sabe mal, porque me gustan mucho los dos... aunque creo que el pelirrojo saldría peor parado :D

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  5. Buuuuuaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!! Que brutalidad de capítulo!!!! XD!!!
    Ya era hora de que la pequeña Sun le diera lo que se merece a esa estúpida!!! La lástima es no haberle provocado más daños… ¬¬
    Seeeeh!!! Cada vez me mola mas Héctor, pero habría molado que hubiese repartido unas cuantas tortas!!! XD!!
    Edurne, muy bueno el fragmento, me ha encantado!!! Gracias, XD!!

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  6. (sin palabras) *_*
    Para que negarlo, me ha encantado el ostión que le ha dado Sun a la subnormal de Paula. Se lo tienes bien merecido, por toca pel*tas -.-Mira que decir que Sun mató a su padre... Imbéciles. Tocar un tema tan personal y mancharlo de esa manera... qué fuerte.
    En fin, que el capítulo me ha encantado de verdad. Y me da que este, será el principio de un gran cambio, pero ¿para bien o mal? ¡Intriga!
    Y Héctor, que mono, le ha regalado un anillo... qué bonito xD

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  7. OMG!!! Yo una vez le partí la nariz a una pija, estudiaba artes en mi clase y era una prepotente. Su cara nunca volvió a ser la misma se le deformó la narz un montón XDD Y ahora a Paula también!! XDd Qué recuerdos al leer este capítulo.
    Ainsss y que monoso Héctor por regalarle el anillo ^^ Anillo incrustado en la cara de Paula en 3, 2, 1... Puff!! XDDD Un besote enorme y me encanta leer pequeños retazos de tu librito por aquí =D

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  8. Madre mía, me encanta tu historia, aunque solo la siga cuando subes algún fragmentillo, y desde hace poco, me encanta. Espero que consigas publicar tu libro pronto.

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