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Entre un bonito sueño y una horrible pesadilla.

El otoño había anidado en mi corazón, tiñéndolo de ocre y tierra e impregnando su textura con gotas de lluvia polvorientas. Cerré la ventana del dormitorio, consciente de que el frío había calado hasta mis huesos mientras dejaba escapar un suspiro, que salió entrecortado de mi garganta. Estaba nerviosa.
Caminé hacia el comedor, decidida. Sentía que tenía que hacerlo, y allí estaba él, sentado en el sofá, leyendo un libro. Tragué saliva inconscientemente, notando como mi corazón se descontrolaba. Llevaba varios meses viviendo con él y me dolía. Me dolía verle todos los días, a todas horas. Estar a su lado y no poder acariciarle. Era insoportable aspirar su perfume sin que se diera cuenta, o contemplarle de reojo por miedo a encontrarme un rotundo rechazo si nuestras miradas se cruzaban. Pero tenía que hacerlo. Intentarlo, al menos.
Me senté a su lado y me quedé mirando a la nada, esperando a que dijera algo. Señalizó la página en la que se encontraba y cerró el libro, depositándolo sobre la mesilla que tenía al lado.
–¿Estás bien? –entrecerró los ojos, preocupado.
Siempre se daba cuenta de todo. Siempre. Se percataba de mi estado de ánimo sin esfuerzo alguno y sabía perfectamente si le decía la verdad o si por el contrario le contaba una mentira. No le hacía falta leerme la mente. No lo necesitaba. Con sólo analizarme el rostro era capaz de descifrar mis sentimientos sin necesidad de trucos mentales baratos.
–¿Qué ocurre?
No le contesté. Tampoco me giré para mirarle a la cara; simplemente continué con los ojos clavados en un punto fijo de la pared que tenía enfrente.
–Sun –su voz estaba cargada de impaciencia: había dejado de estar relajado para ponerse completamente tenso. Me sujetó la barbilla con delicadeza y me giró el rostro, escrutándome minuciosamente–, dímelo.
Volví a tragar saliva, intentando deshacer el nudo opresivo que se había atascado en mi garganta.
Su mano ascendió hasta mi mejilla.
–Estás helada.
Había dejado de escucharle. Lo único que resonaba en mis tímpanos era el latido desbocado de mi corazón. Miraba hacia todas partes y a la vez hacia ninguna en concreto, evitando quedar atrapada en el reflejo de sus ojos glaucos.
–Sun.
Percibí mi nombre saliendo de su boca y antes de que pudiera pensármelo dos veces, me incliné rápidamente hacia él y presioné sus labios con los míos de manera torpe, provocando que nuestras narices colisionasen con brusquedad.
Por primera vez le había pillado por sorpresa, con la guardia baja. Estaba tenso, rígido, sin saber qué hacer, sin corresponderme. No se esperaba aquel beso a traición; es más, ni siquiera yo me había visto capaz de hacerlo hasta hacía apenas unos minutos.
Intentó separarse, pero no le dejé. En su lugar aferré el cuello de su jersey y lo atraje hacia mí, apretándome contra él y regalándole pequeños besos de manera repetida, desesperada.
El pelirrojo tenía mucha más fuerza que yo, pero no vio lógico utilizarla en mi contra, así que esperó sin intervenir a que terminase mi arrebato. Desistí al comprender que no me correspondía y que no iba a hacerlo nunca. Me alejé tan rápido de él como me había abalanzado sobre sus labios y salí del comedor directa hacia el dormitorio.
Había sido tan claro y directo como una cuchillada en el corazón. Su indiferencia me había dolido tanto que ni siquiera fui consciente de que estaba llorando hasta que varias lágrimas salpicaron la tela de una de las prendas que estaba metiendo en la maleta que había encima de la cama, volviéndola más oscura.
–¿Qué estás haciendo? –su voz sonó preocupada desde el vano de la puerta.
–¿A ti qué te parece? –contesté, destrozada, mientras mis ojos seguían desbordándose sin remedio.– Me largo de aquí.
Entró en el dormitorio como una exhalación y cerró la puerta del armario antes de que pudiera seguir sacando mi ropa y metiéndola en la maleta, interponiéndose entre el mueble y yo.
–Quítate de ahí –exigí, hipando.
–No, Sun, espera –su voz sonó más tranquila. Siempre utilizaba ese tono cuando quería que me calmase. Casi siempre surtía efecto.
–Déjame –intenté moverlo de delante del armario de un empujón, pero permaneció clavado en el sitio como una estatua de mármol.
–No, no –me sujetó por los hombros–. No voy a dejar que te vayas, Sun. ¿Me oyes? –recogió mi rostro entre sus manos y me obligó a mirarle a los ojos, como tantas otras veces había hecho–. No voy a dejar que te vayas.
Me limpió las lágrimas con los pulgares de manera tan dulce que no pude evitar que se me volvieran a inundar los ojos. Tantas contradicciones me estaban volviendo loca.
Me alejé de él e intenté salir por la puerta, pero Max adivinó mis pensamientos y me retuvo sujetándome por la muñeca.
–Sun, mira –antes de que pudiera darme cuenta había metido mi mano por debajo de su jersey, conduciéndola en sentido ascendente hasta su pectoral izquierdo–. Mira –la presionó contra su piel con suavidad.
La escena me parecía tan íntima que las lágrimas que humedecían mis mejillas se cortaron de cuajo, siendo sustituídas por un llamativo color grana.
–¿Lo notas? –preguntó en un susurro, con miedo a que se enterasen los vecinos.
Miré en todas direcciones, desconcertada. Lo único que notaba era la calidez de su piel en contraste con la frialdad que desprendía mi mano.
El pelirrojo frunció el ceño, molesto. Dirigió nuevamente mi mano unos centímetros más a su izquierda y presionó con un poco más de fuerza.
Y entonces lo noté.
Su corazón, latiendo descontrolado.
Me atreví a alzar la vista para mirarle a los ojos y, para mi sorpresa, descubrí que estaba tranquilo, sereno. Nada en él mostraba que estuviese en un estado de nervios, excepto su corazón.
Esbozó una sonrisa torcida, cargada de tristeza.
–¿Qué crees que diría tu tío si se enterase de esto?
Noté que me fallaban las piernas al tiempo que mi pecho se inflaba de manera exagerada, a punto de estallar. No era buena cogiendo indirectas, pero esos latidos eran más claros que las palabras que pudiese decir en aquel momento tan personal.
Me sentí desfallecer. Estaba entre un bonito sueño y una horrible pesadilla.

Comentarios

  1. ¡Buaaaaaaa! ¡Me ha encantado! ¡Me ha encantado! Creo que es el mejor relato que has escrito, Sun, en serio. Por fin Max lo ha reconocido, aunque puede que no sea de verdad...
    Súper intenso y perfecto.
    Un beso.

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  2. Me has matado, definitivamente.
    He empezado a leer sin mucho ánimo y he notado las frases un poco pesadas, como desganadas. Probablemente soy yo, que estoy cansada, o igual es que tú también estabas cansada al escribirlo, no lo sé.
    El caso es que a cada minuto que pasaba me he ido enamorando más y más del relato y cuando le pone la mano en el corazón he sentido desfallecer igual que Sun *-* Además la frase de "¿Qué crees que diría tu tío si se enterase de esto?" me hace pensar que esta escena puede estar a la vuelta de la esquina, y no tan lejana como los fragmentos que ya habías publicado como posibles retazos de la novela. Me hace pensar en los personajes como una historia más real y cercana.

    Y, bueno, pues eso. Que me pediré un Max para navidad.

    Un beso, K (L)

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  3. Estoy con Laura, creo que es el mejor relato que has escrito hasta la fecha. Al principio, cuando ella le ha besado y el no le ha correspondido, conportándose de forma fría e indiferente, me han entredo ganas de arrearle, por idiota. Pero luego, cuando ha ido a buscarla a su habitación, le ha puesto la mano en el corazón... Un corazón que late por ella... Pero claro, Max tiene razón: ¿qué pensaría su tío si se enterara de todo eso? Wowowow. Y encima es que no sabems si este retazo va a estar o no dentro de la historia... Aunque espero que sí, jajaja. Me ha requeteteencantado, preciosa. Le pongo un 10. ¡Un besito!

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  4. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH. He muerto. ME MUERTO.
    Sin duda, el mejor, el mejor, el mejor relato que hasta el momento he podido leer de la historia de Sun Burdock. MA-DRE MÍA. ¡AAH!
    (con mis muestras de efusividad de lo digo todo xDDDD)
    PERFECTO, ABSOLUTAMENTE PERFECTO.

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  5. Creo que ya me queda poco que decir, todo él mundo esta encantado con el relato y yo incluida =) Es perfecto, pero un tanto... ¿What? xDDD No te correspondo al beso pero si que te quiero...
    Es en plan para darle un sopapo y luego comértelo a besos xDD Es increíble Sunny, cada día nos dejas con muchísimas más intrigas relacionadas con la historia.
    Esperaré impacientemente al siguiente relato.


    Serela

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  6. Hola Sunny!!1 En primer lugar siento la tardanza, no es mi mejor época XD En segundo... ¡¡¡Qué bonito!!! Oh, dios por un momento pensé que le saldría la vena "Soy mayor que tu y bla,bla" pero no!! Bueno, a parte de romper el encanto con su tío, por lo demás ha sido perfecto. Aunque para una vez que Sunny se lanza... ya podría haberla correspondido el beso ¬¬ Este Max... ainss cambia a medias XDD Bueno preciosa ha sido genial y espero que pronto salgan cosillas nuevas sobre Sunny and company. un besote enorme y sigue los dictados de tu corazón XD (Ya sabes, por el gesto de Max y eso =P).

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