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Mostrando entradas de agosto, 2013

Regla número cinco, (segunda parte).

Hacía frío. Sus ojos tuvieron que acostumbrarse a la oscuridad antes de poder ver dónde se encontraba. Sin embargo, hacía frío. Lo notaba en su piel. Era mordiente y atravesaba su carne hasta llegar al hueso. La humedad se le pegaba en el pelo, aplastándolo contra su delicado rostro. Sus labios expulsaban vaho con cada respiración rota. Las rótulas se resintieron. Todavía permanecía arrodillada, con las manos sobre un suelo pedregoso. Se le antojó sucio. Notó su camisón pegado a su cuerpo, empapado en una mezcla de sudor y rocío. No obstante, los ruidos provenientes del espejo ya no se escuchaban. Se puso en pie lentamente y alcanzó una pared a su derecha, con la yema de los dedos. Al fondo se veía un poco de claridad. Estaba en un túnel. Tragó saliva al comprenderlo, procurando no hacer el más mínimo ruido. No era un túnel, exactamente. Nina se encontraba al otro lado de la muralla del castillo, en una de las cloacas que desembocaban en el lindero del bosque. La joven retrocedió. …

Regla número cinco, (primera parte).

Regla número uno: nadie puede salir del castillo durante la noche. Regla número dos: los señores de alta alcurnia permanecerán encerrados en sus aposentos desde el ocaso hasta el alba. Los únicos que merodearán por los pasillos serán los guardias. Regla número tres: todas –absolutamente todas– las puertas estarán debidamente cerradas con llave, atrancadas con algún mueble o ambas cosas, (así como también las ventanas). Regla número cuatro: los espejos del castillo deberán ser cubiertos con telas o paños. Las reglas anteriores deberán cumplirse sin excepciones.

Diversos cirios iluminaban la alcoba principal de manera uniforme, repartiendo la escasa luz por los rincones más oscuros. El fuego de la chimenea caldeaba la estancia, haciéndola más acogedora. –Repítelo otra vez. Nina miraba a su hermano mayor con expresión somnolienta mientras Púrpura descansaba sentada sobre su hombro. Aquella pequeña hada estaba tan agotada como ella. –Estoy harta de repetir todas las noches el mismo discurso, …