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Mostrando entradas de 2015

Costras.

La encontró aovillada en el sofá, envuelta en una de sus camisas, en bragas. Tenía el pelo igual de enmarañado que un nido y se mordía el labio sin ser consciente de ello, pues estaba tan concentrada en arrancarse las costras de las rodillas que ni siquiera reparó en su presencia. —¿Qué haces? No le escuchó, al contrario: hincó la uña en una dureza y la levantó de golpe. Dejó escapar un gemido. La gota de sangre descendió rápidamente por la tibia hasta alcanzar la superficie del pie. —Eh, eh —acudió a su lado y la sujetó por las muñecas al ver que continuaba hurgándose en el agujero—. Para. Para ya. Le miró como si le viese por primera vez, un tanto confusa. —Joder —masculló el hombre, levantándose con intención de ir en busca de un botiquín—. No te muevas. Y no se movió del sitio, pero en cuanto desapareció de su vista retomo la ardua labor de hurgar dentro de ella, arañándose la carne con la esperanza de sentir algo más que apatía.

El costurero.

Enhebró la aguja, la hundió en su carne. Emmeline sintió una punzada de dolor entre los omóplatos, pero fue incapaz de moverse. Le miró de reojo a través de un velo de lágrimas mientras su captor seguía bordando su obra. —¿Sabes? —se inclinó hacia ella y, sin dejar de sonreír, le susurró al oído sus planes—: Vas a ser un cuadro precioso.

La Zona Siete: segunda parte.

Partió a altas horas de la noche, cuando la oscuridad lo cubría todo bajo un manto de nubes. Beth recogió sus escasas pertenencias y las guardó en su mochila antes de salir del refugio. Si había una posibilidad de sobrevivir lejos del alcance de las explosiones, estaba dispuesta a intentarlo. Anduvo por la ciudad con el corazón en un puño, pegada a las fachadas de los edificios que todavía permanecían en pie. Apenas lograba orientarse entre tanta penumbra, pero tenía miedo de encender el mechero y que aquello desvelase su posición. Entornó los ojos, tratando de ver el mapa en la oscuridad mientras seguía el camino que creía correcto. Estaba prácticamente segura de que la Zona Siete existía. Eran muchos quienes lo comentaban. Al principio no eran más que meras habladurías, pero los escasos refugiados que mantenían contacto con el exterior plantaron la simiente, que creció tan alto como una planta enredadera. Se detuvo en seco cuando escuchó el ruido de un helicóptero. Contuvo la respirac…

La Zona Siete: primera parte.

Subió las escaleras mecánicas corriendo, aunque éstas se encontraban fuera de servicio. La explosión se había escuchado por todo el centro comercial y Beth tenía que verlo. El suelo había temblado tanto que las pocas personas que se encontraban por allí tuvieron que apoyarse en las paredes para no caer. Se acomodó la mochila en la espalda y llegó hasta el segundo piso con el corazón en un puño. Las rápidas pulsaciones indicaban los nervios que la invadían. Cuando por fin logró acercarse a las puertas acristaladas, tuvo que contener el aliento. Algunos refugiados pasaron junto a ella para descender a las plantas subterráneas con cierta prisa. Sin embargo, la joven contemplaba el exterior con los ojos muy abiertos. La ciudad en ruinas conseguía cautivarla. Era una sensación grotesca. Los edificios derruidos desprendían tentáculos de humo negro que se perdían al acariciar el cielo gris. Inspiró hondo en un vano intento por relajarse. En la terraza del exterior se veían a varias personas; …

Algo mejor que un cocodrilo.

Escuchó un chapoteo próximo a su canoa. Soltó los remos, girándose hacia todas partes. Odiaba a los cocodrilos, tenían demasiados dientes. Inspeccionó las aguas turbias, pero pronto se le atragantó el corazón cuando una náyade emergió a la superficie. Antes de poder reaccionar, la joven le escupió un chorro de agua al rostro, se echó a reír y volvió a desaparecer.

Algo fresco.

Saltó al contenedor a media noche, cayendo grácilmente sobre una bolsa de basura. La arañó. Consiguió abrirla tras varios intentos, para luego empezar a rebuscar con las zarpas. Descubrió algo fresco entre la porquería. Una oreja. La masticó, triturando los cartílagos con sus afilados dientes. Después agitó los bigotes, añorando el sabor de una buena sardina.

El tenedor.

Él esperaba sentado en la lancha a que sus compañeros terminaran de ajustarse los trajes de neopreno. Se frotaba las manos con nerviosismo, pues ésa era la primera vez que podía acompañarles en una expedición submarina. Se levantó enérgicamente cuando le tendieron las gafas de buceo, permitiendo que uno de sus compañeros le ayudase a ponerse la bombona de oxígeno bien asegurada en su espalda. Los nervios estaban a flor de piel. Deseaba ver el arrecife de coral con sus propios ojos y descubrir las especies acuáticas que vivían en él. El corazón le palpitaba desenfrenado. Se puso las aletas y se sentó en el borde de la lancha, de espaldas al agua. —Recordad —la voz grave del jefe de expedición quedó ahogada por el ruido de las olas—; nada de separaros del grupo. En caso de que alguien se desoriente o acabe perdido, que apriete el botón rojo del transmisor —Jonathan le miraba emocionado, deseoso de poder sumergirse cuanto antes. Sin embargo, su compañero siguió hablando—. Vuestros relojes…

La curiosidad movió al gato.

Admiraba las estrellas sentado en el alféizar de la ventana. La noche era cálida y una suave brisa agitaba las hojas de los árboles. De un ágil salto cayó al suelo sobre sus patas. Echó a correr, persiguiendo esa estela luminiscente que volaba sobre la hierba. Las briznas le rozaban el pelaje atigrado, dificultándole la misión. Sin embargo, el felino siguió al ser feérico desde las sombras con la esperanza de poder atraparlo. Probablemente estuviera más sabroso que las ratas de campo. Se detuvo unos instantes cuando por fin llegó al lindero del bosque. El hada seguía resplandeciendo no muy lejos de él, envuelta en un halo rosáceo. No obstante, parecía ajena al peligro. El gato agitó los bigotes. Y reanudó la persecución. Un enorme claro se abrió paso en mitad de la arboleda. Pudo ver las majestuosas ruinas de lo que parecía ser un antiguo templo. El ser féerico voló hacia la edificación, dejando una estela en el aire. El gato la siguió, agazapándose entre unos matorrales. Allí, justo fr…

La princesa y su corcel.

Un chillido lleno de júbilo inundó los establos. Miró hacia la puerta y vio entrar a la pequeña corriendo. Detuvo sus labores para observarla unos instantes: su vestido estaba manchado de barro y los rizos enmarcaban su rostro de forma desordenada. —¡Vuelve aquí, mocosa! —gritó una voz grave, aunque pronto rio también. El hombre entró tras ella y la alzó en brazos. —¿Adónde crees que vas? —empezó a hacerle cosquillas. Los establos se inundaron de risas alegres mientras la niña se retorcía en brazos de su tío. —¡Quiero montar a caballo! —¿Ah, sí? —la observó arqueando una ceja. Después la levantó de nuevo para sentarla sobre sus amplios hombros, sujetándola por las pantorrillas—. ¿Y qué me dices de mí? —relinchó. La cría estalló en alegría. —¡Tú no eres un caballo! —explicó—. Eres demasiado feo. Ambos rieron una vez más antes de que el hombre saliera al trote con su sobrina.

Premio Liebster Award.

Hola, lectores. :) Para terminar este mes de mayo os voy a dejar una nueva entrada y ahora os explico de qué va. No es ningún relato, lo sé, sino que es una nominación al premio Liebster Award. Los blogs que me han nominado son Midnight Readings y Reseñas sin sentido.
Hay unas normas que debo cumplir y son las siguientes: 1. Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo. 2. Responder a las 11 preguntas que te han hecho. 3. Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores. 4. Avisarles de que han sido nominados. 5. Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.

Las preguntas que tengo que contestar son estas:
1. ¿Que genero predomina más en tu estantería?  Fantasía. Sobre todo la fantasía de Laura Gallego.
2. ¿Cual es la portada más bonita y fea de tus estanterías? La más bonita es la de Donde los árboles cantan, de Laura Gallego y la más fea la de Marina, de Carlos Ruiz Zafón.
3. ¿Con que personaje masculino o femenino te casarías? ¿A cual matarías? Me casaría con Sandor Clegane y le ha…

Colisión.

El cuervo se chocó contra la ventana con tanta fuerza que dejó una gota de sangre en el cristal. Me puse las gafas y seguí leyendo.



La imagen pertenece a As00. Para verla con mejor calidad, pincha aquí.

A la deriva.

Flotaba. Su cuerpo inconsciente era arrastrado hacia las profundidades del océano. Cuando abrió los ojos, percibió sombras a su alrededor. Estaba mareado y le pitaban los oídos debido a la gran explosión. Inspiró hondo, pero sus fosas nasales se inundaron con agua de mar. Comenzó a toser. Se ahogaba. Su parte más racional le recordó que moriría en poco tiempo y puso remedio. Salió a la superficie haciendo un esfuerzo inhumano, pues había perdido las fuerzas. Abrió la boca y tomó una enorme bocanada de aire, mas sus pulmones se llenaron de humo y ceniza. Justo en frente de él, su navío ardía en mitad de la noche.


La imagen pertenece a Ari Suonpää. Para verla con mejor calidad, pincha aquí.

Premio «Black Wolf Blogger Award».

¡Hola, lectores!
Moli, del blog Devoradores de libros, me ha nominado al premio Black Wolf Blogger Award, por lo que me toca seguir ciertas reglas antes de nominar a más blogs:

Dichas reglas son las siguientes: 1.Poner la imagen del premio. 2.Escribir y publicar lo que sientes, lo que te motiva este premio y agradecer públicamente a quién te nominó. 3.Contestar a las preguntas para conocernos mejor. 4.Nominar a 15 blogs para el premio. 5.Notificar a quién has nominado.
Bien, pues vayamos por partes:
2. Ha sido un detalle muy grato recibir este premio. Hacía mucho tiempo que nadie me nominaba y he de reconocer que me ha pillado por sorpresa, así que muchas gracias al blog Devoradores de Libros por haber pensado en mí a la hora de otorgar el premio.
Las preguntas que tengo que responder son las que vienen a continuación y son las mismas para las personas que nomine yo:
3.1. ¿Qué sensaciones te deja el terminar un libro que te ha atrapado? Pues es una sensación muy triste. Cuando termino de leer un …