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Mostrando entradas de 2017

El caos de las emociones.

Una gota de sangre emerge de mi piel cuando presiono el bisturí contra mi muslo derecho, sin apenas hacer uso de la fuerza. La gota brilla como un rubí. El corte escuece, pero no me importa. Aprieto un poco más y la cuchilla se hunde en mi carne unos milímetros. Trago saliva, inspiro hondo y arrastro el bisturí de golpe, en un rápido movimiento que me produce un corte largo, limpio. La gota de sangre se convierte en una línea carmesí, de un color mucho más vivo que mi tez cerúlea. El contraste casi parece hermoso. Exhalo el aire de los pulmones. Mi corazón late al ritmo de un tambor de guerra y, sin embargo, reina la paz. La única guerra que se produce es la de mi raciocinio contra mis emociones. El «no lo hagas» frente al descontrol que crea la necesidad. Repito el proceso una y otra vez, de forma automática. Aprieto los dientes cuando veo mi muslo convertido en las cuerdas tensas de un arpa. La sangre forma una cadena de rubíes sobre los trazos, la piel de alrededor está irritada. Mi …

Su secreto mejor guardado.

La vio tumbada en la hierba, a la sombra de un abedul. Entre las manos tenía un libro abierto de par en par, que leía absorta mientras con los dedos de los pies acariciaba las briznas verdes del suelo. Se fijó en la palidez de su piel y en la fragilidad de sus tobillos. Tragó saliva, fantaseando con que una ráfaga de viento le levantase el vestido hasta la cintura y destapase su secreto mejor guardado.

Crítica de «La Bella y la Bestia», 2017.

Esta entrada no estaba prevista, de hecho, decidí hacerla nada más salir del cine, el día 18 de marzo. Imaginaos si mi crítica era destructiva que decidí esperarme a ver la película en versión original subtitulada (la vi doblada, sí. Un grave error, pero fui acompañada y no pude elegir) para no publicar nada en caliente de lo que más tarde pudiera arrepentirme. Hice bien. Os advierto que, ahora que la he visto doblada y en v.o.s., la crítica va a contener mi más sincera opinión y que por lo tanto, hay spoilers de la película. Si no la habéis visto todavía y no queréis que os chafe nada, será mejor que no sigáis leyendo. Quien avisa no es traidor. (Que se lo digan a Petyr Baelish). Empecemos por el principio: La Bella y la Bestia —la película de animación de 1991— significa mucho para mí. Muchísimo. No es una película Disney de animación como las demás, sino que consiguió apartarse de sus predecesoras y marcar el inicio de un nuevo camino. Además, hay otros motivos personales que la convie…

Me encanta.

—Y a ti, ¿te gusta tu trabajo? Me encanta trabajar con una fecha de entrega establecida, que siempre tiene que modificarse debido a la acumulación de proyectos. Me encanta que dichos proyectos se amontonen, se solapen unos con otros y me produzcan estrés, el cual se suma a una altísima presión por sacarlo todo adelante —y sacarlo bien—, sin defraudar a nadie. Me encanta las dudas que me produce mi inseguridad: «¿Lo estaré haciendo bien?», «¿Será suficiente?». Me encanta estar sometida al juicio de los demás, a sus criterios y opiniones. Me encanta deslomarme a trabajar y no ver los resultados que espero. Me encanta que no se me valore. —Me encanta.

Campo de amapolas

—Uno… dos… tres… —tenía el rostro escondido entre sus brazos, contra el tronco del inmenso castaño que se alzaba en mitad del herbazal— cuatro… cinco… seis… —notaba las briznas de hierba colándose entre los dedos de sus pies, frescas a pesar del calor del estío— siete… ocho… nueve… —esbozó una tímida sonrisa, sin despegar los párpados— ¡Y diez! Abrió los ojos y se dio la vuelta rápidamente: frente a ella se extendía un campo interminable de amapolas, sin ningún otro árbol a la vista. Frunció el ceño al no encontrar ninguna flor aplastada que delatase su rastro. Arrugó la nariz e inclinó la cabeza hacia atrás para ver si se había escondido entre las ramas del árbol, pero no tuvo éxito. Inspiró hondo, todavía con la leve sonrisa dibujada en los labios. Sabía que la observaba desde algún lugar de la pradera, aunque no pudiese verle. Se había escondido muy bien, pero eso sólo hacía el juego más estimulante. —Os pienso encontrar, ya lo veréis —prometió entre dientes antes de salir de la somb…