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Mostrando entradas de 2017

Reseña «Talbot. Mi segunda vida».

Título: Talbot. Mi segunda vida. Autora: Esther G. Recuero. Editorial: Autopublicación. Género: sobrenatural, juvenil. Número de páginas: 290. Encuadernación: tapa blanda. Precio: 12’84€.
Sinopsis: El mundo de James se pondrá patas arriba tras tener que renunciar a su vida circense y adaptarse a una tranquila existencia en el pequeño pueblo de Thorndike. Mientras que el resto de su peculiar familia parece sobrellevar bien el camino, James se resiste a dejar de lado lo que es. La función llegó a su fin y con ella los años de ser una estrella bajo la carpa, de ir por ciudades y pueblos, rodeado de los suyos. Ahora intentará pasar desapercibido siendo un chico normal y corriente; aunque eso parece ser más complicado de lo que esperaba. Y es que nadie dijo que ser un hombre lobo adolescente sería fácil.
Opinión personal: Antes que nada debo decir que conozco a Esther desde hace muchos años, pero aun así voy a intentar ser lo más objetiva posible. Aclarado esto, prosigo: La historia gira en torno a Jam…

Reseña «Gritos silenciosos».

Título: Gritos silenciosos: el terrible testimonio de una mujer en un matrimonio aparentemente perfecto. Autora: Paula Zubiaur. Editorial: Ambar Ediciones. Número de páginas: 313. Encuadernación: rústica con solapas. Precio: 13€. 
Sinopsis: He aquí la reedición de un libro que no debería caer en el olvido. Su protagonista, Paula Zubiaur, decidió en su momento publicar su testimonio como víctima del maltrato de género, una lacra social tan extendida como intolerable. La triste vigencia de sus palabras han de llevarnos más allá de la mera reflexión sobre cómo se siente una mujer maltratada en un ambiente de aparente normalidad. Es preciso repetir su mensaje y dar voz a quienes todavía sólo gritan en silencio. «La idea de sacar a la luz mis terribles experiencias lleva rondándome por la cabeza desde hace muchos años, pero hasta ahora no he tenido el valor para hacerlo. Y digo valor porque hace falta cierta valentía para enfrentarse a recuerdos como los míos. ¿Por qué lo hago? Yo misma no tengo m…

El señor Lagarto: segunda parte.

Las dos horas que duraba su clase transcurrían siempre en un suspiro. Era una pena y una bendición tener un profesor tan bueno enseñando una asignatura tan adecuada. A pesar de que el curso había empezado hacía un par de meses, sentía tristeza cada vez que pensaba en que sus clases tenían fecha de caducidad. Ese día me senté en una mesa de la quinta fila, al lado de unas compañeras. Aún no las conocía lo suficiente, pero aunque lo hubiese hecho no se me habría ocurrido hablarles. Al señor Lagarto no le gustaban los murmullos. Los cuchicheos le ponían de muy mal humor. Cada vez que escuchaba alguna vocecilla, por nimia que fuera, interrumpía su discurso y se quedaba mirando fijamente al inconsciente que osaba molestarle. De esa forma, el alumno se sentía intimidado y rara era la ocasión que repetía tan atrevida hazaña. No lo voy a negar; esa autoridad con la que gobernaba las clases fue una de las cosas que me llamó mucho la atención. Me sorprendía que alguien tan insignificante, con tan…

El señor Lagarto: primera parte.

Me senté en el banco del pasillo que había frente a su clase. La puerta permanecía cerrada, aunque se veían las luces encendidas a través del ojo de buey. El señor Lagarto debía de estar dentro pese a que acababa de sonar el timbre que anunciaba el inicio del descanso. Su puntualidad era conocida por todos, igual que su riguroso orden a la hora de planificar el temario de cada clase. Inspiré profundamente y empecé a abrir la cremallera de mi mochila. Paré de pronto; los nervios me acariciaban el estómago. Me levanté, avancé hasta la puerta y me asomé por el ojo de buey. Esperé ver al señor Lagarto escribiendo en la pizarra, pero me encontré el aula vacía. Fruncí el ceño y cuando reparé en el maletín que descansaba sobre la mesa del profesor, ya era demasiado tarde: al girarme le vi avanzando por el pasillo con paso firme, en una marcha que se me antojó militar. Debido a su corta estatura le comparé con un soldadito de juguete. Regresé al banco, me senté junto a mi mochila y saqué de su …

Carta a unos profesores muy poco profesionales, (suceso real).

Hola, lectores. Hoy no os traigo ningún relato (lo siento), sino una carta que tuve que escribirles hace unos días a los cinco miembros del tribunal que me evaluaron el proyecto final de mi Ciclo Formativo el día 31 de mayo del 2017. He decidido hacerlo público a modo de denuncia por el trato tan humillante que recibí por parte de dos docentes de dicho tribunal, pues me enviaron correos del todo inapropiados que adjuntaré en esta entrada. He de aclarar que les he cambiado los nombres para preservar sus identidades, por lo que todo son seudónimos. Espero que esta carta sirva para concienciar tanto a alumnos como a profesores (si es que hay algún docente que me lee). En fin, aquí la tenéis:

A la atención de los miembros del tribunal: Siento haber tardado tanto en daros una explicación formal del comportamiento que tuve el día 31 al conocer mi nota, pero creo que lo mejor era dejar pasar un tiempo dada la situación que mis malos modales crearon. Mi respuesta va a ser muy larga, aun así me gu…

El caos de las emociones.

Una gota de sangre emerge de mi piel cuando presiono el bisturí contra mi muslo derecho, sin apenas hacer uso de la fuerza. La gota brilla como un rubí. El corte escuece, pero no me importa. Aprieto un poco más y la cuchilla se hunde en mi carne unos milímetros. Trago saliva, inspiro hondo y arrastro el bisturí de golpe, en un rápido movimiento que me produce un corte largo, limpio. La gota de sangre se convierte en una línea carmesí, de un color mucho más vivo que mi tez cerúlea. El contraste casi parece hermoso. Exhalo el aire de los pulmones. Mi corazón late al ritmo de un tambor de guerra y, sin embargo, reina la paz. La única guerra que se produce es la de mi raciocinio contra mis emociones. El «no lo hagas» frente al descontrol que crea la necesidad. Repito el proceso una y otra vez, de forma automática. Aprieto los dientes cuando veo mi muslo convertido en las cuerdas tensas de un arpa. La sangre forma una cadena de rubíes sobre los trazos, la piel de alrededor está irritada. Mi …

Su secreto mejor guardado.

La vio tumbada en la hierba, a la sombra de un abedul. Entre las manos tenía un libro abierto de par en par, que leía absorta mientras con los dedos de los pies acariciaba las briznas verdes del suelo. Se fijó en la palidez de su piel y en la fragilidad de sus tobillos. Tragó saliva, fantaseando con que una ráfaga de viento le levantase el vestido hasta la cintura y destapase su secreto mejor guardado.

Crítica de «La Bella y la Bestia», 2017.

Esta entrada no estaba prevista, de hecho, decidí hacerla nada más salir del cine, el día 18 de marzo. Imaginaos si mi crítica era destructiva que decidí esperarme a ver la película en versión original subtitulada (la vi doblada, sí. Un grave error, pero fui acompañada y no pude elegir) para no publicar nada en caliente de lo que más tarde pudiera arrepentirme. Hice bien. Os advierto que, ahora que la he visto doblada y en v.o.s., la crítica va a contener mi más sincera opinión y que por lo tanto, hay spoilers de la película. Si no la habéis visto todavía y no queréis que os chafe nada, será mejor que no sigáis leyendo. Quien avisa no es traidor. (Que se lo digan a Petyr Baelish). Empecemos por el principio: La Bella y la Bestia —la película de animación de 1991— significa mucho para mí. Muchísimo. No es una película Disney de animación como las demás, sino que consiguió apartarse de sus predecesoras y marcar el inicio de un nuevo camino. Además, hay otros motivos personales que la convie…