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¿Celos?, lanzamientos inesperados y una buena dosis de forcejeos.

Guardé un par de libros en la taquilla y después la cerré con llave, para posteriormente entrar en la clase que me correspondía. Me senté al lado del cubano, en la segunda fila, pegada a la pared. Nos encontrábamos en una de las últimas horas de la jornada, y ya estábamos más que hartos. Teníamos unas ganas inmensas de que terminase el día para poder irnos a casa, pero el tiempo parecía discurrir con demasiada parsimonia, haciendo que los minutos fueran demasiado tediosos. Me recosté un poco en la silla y decidí dejar pasar la clase sin atender a las explicaciones del profesor. Es más, mi mente estaba tan alejada de la realidad que ni siquiera fui consciente de que llamaron un par de veces a la puerta hasta que ésta no se abrió lentamente. Mi corazón, ralentizado por el aburrimiento, despertó de improvisto como sacudido por una descarga eléctrica, haciendo que latiera desbocado: Max acababa de hacer acto de presencia.
Miré a Yanko, visiblemente asustada. Su expresión era tan desconcertante que en lugar de calmarme hizo que me pusiera todavía más nerviosa. ¿Qué demonios quería? ¿Por qué había interrumpido la clase? Me giré para observar a Paula. Tenía los ojos clavados en el pelirrojo, con una media sonrisa dibujada en la cara, –ahora desfavorecida por la venda blanca que ocultaba su nariz–. Desvié la vista hacia él: estaba hablando en susurros con el profesor, por lo que me resultó imposible escuchar nada de lo que decían. Volví a mirar a Paula, que se removió en su silla. Parecía contenta, como si hubiera estado esperando esa visita desde el principio de la clase. Estaba tan pendiente de Max que se había olvidado de mi presencia. Apreté los dientes, azotada por una sensación extraña. Detestaba la idea de que le mirase tanto.
Antes de que mis pensamientos siguieran por un camino peliagudo, las palabras de Max llegaron a mis oídos de repente, paralizándome momentáneamente.
–Sun, necesito que me acompañes. –informó, en voz alta.– Recoge tus cosas y ven conmigo.
Su tono fue tan serio y firme que me entraron ganas de desobedecerle. No quería darle el gusto de acatar sus órdenes. Es más, sabía que había venido a buscarme a clase porque de ese modo no me quedaría otro remedio que hacer lo que él quisiese. Volví a apretar los dientes con fuerza, notando como mi enfado aumentaba vertiginosamente.
Yanko me zarandeó suavemente el muslo, devolviéndome a la realidad. Toda la clase estaba espectante, incluída Paula, que me miraba con los ojos entrecerrados. Creo que en ese momento le hubiese gustado ocupar mi lugar. Sonreí con amargura, recogiendo mis cosas y guardándolas en la mochila. Me despedí de mi amigo con una mirada preocupada y salí del aula detrás del pelirrojo, sin imaginarme hasta qué punto se iban a torcer las cosas.


* * *


Me condujo hasta su despacho en silencio, caminando a buen paso hasta la planta baja. Nos cruzamos con varios profesores que le dedicaron miradas comprensivas, mientras que a mí me observaron con pena. ¿De verdad me consideraban tan lamentable? Abrió la puerta y me invitó amablemente a que pasase yo primero. Avancé varios pasos hasta situarme frente a la mesa. Contemplé la habitación con detenimiento: detrás de mí había una estantería repleta de libros.
El pelirrojo cerró la puerta tras de sí y se dirigió hacia su silla.
–Sun, lo siento. –empezó.– Irrumpir en tu clase era la única forma que tenía de poder hablar contigo sin que te fueras corriendo.
Sonreí con tristeza, pensando que había tenido razón con respecto al porqué de su inesperada visita. Eché un vistazo rápido a los libros que había frente a mí, milimétricamente ordenados en la estantería. En su mayoría eran volúmenes de psicología. Cogí uno al azar. Me di la vuelta despacio, con la vista clavada en la tapa dura que cubría las hojas del libro. Max estaba justo delante de mí, a unos pocos metros, de pie, con las manos apoyadas en la mesa mientras me miraba con preocupación. El corazón me latía con fuerza, haciendo que me temblasen las manos. Apreté el volumen con fuerza y antes de pensármelo dos veces se lo lancé a la cabeza con decisión.


* * *


Había sido tan predecible que me resultó increíblemente fácil esquivar el libro que me había lanzado. Me agaché rápidamente para que no me diera en la cara, y éste terminó estampado en la pared que había detrás de mí. El desconcierto pobló su rostro. No se esperaba mi reacción. No fui capaz de enfadarme con ella, –ya que me merecía ese golpe que nunca llegó– y eso la sacó de quicio. Se giró para volver a coger un nuevo ejemplar que lanzarme a alguna parte de mi anatomía, pero en unas pocas zancadas abarqué la distancia que nos separaba y la sujeté por un antebrazo, arrebatándole con la otra mano el nuevo libro que había conseguido, depositándolo sobre la mesa y alejándola de la estantería sin apenas esfuerzo.
Se puso nerviosa. Más de lo que ya estaba. Desde luego no le hacía gracia que la estuviera sujetando, así que empezó a forcejear para librarse de mi contacto. Intentó golpearme con la mano que tenía libre en diversas ocasiones, por lo que no me quedó más remedio que sujetarle el otro brazo. El forcejeo aumentó. Me percaté de que no me estaba resultando demasiado complicado retenerla, sin embargo, ella parecía estar poniendo toda su fuerza de voluntad para zafarse de mí. La observé entristecido, consciente de que podría lastimarse de un momento a otro. No tardó en empezar a soltar improperios en inglés, exigiéndome que la soltase inmediatamente y aumentando los tirones. Antes de que se diera cuenta le di media vuelta con rapidez, poniéndola de espaldas a mí. La abracé por detrás, inmovilizándole los brazos contra su pecho.
–Cálmate. –la voz me salió un tanto ronca. No esperaba que lo que iba a ser una simple reunión diera un quiebro de ese modo tan brusco.
Respiraba con dificultad, de manera entrecortada. Estaba convencido de que sus mejillas habían adoptado un llamativo color grana. Esbocé una sonrisa torcida sin poder evitarlo. Aquella situación debía de resultarle de lo más incómoda. No había más que verla; retorciéndose entre mis brazos como si de una anguila se tratase, ordenándome que la dejase libre de una vez por todas.
–¿Y arriesgarme a que me lances otro de mis libros? –dije, en tono socarrón.– Creo que no. No hasta que te tranquilices y podamos hablar como personas civilizadas.
Soltó un gruñido, frustrada, pero dejó de forcejear progresivamente, comprendiendo que no la iba a soltar hasta que no estuviera completamente calmada. Su respiración se volvió más lenta, así que aflojé un poco la presión que ejercían mis brazos sobre ella. Sin apenas darme cuenta apoyé uno de mis mofletes sobre su pelo azabache, y antes de que pudiera evitarlo me vi a mí mismo aspirando su dulce aroma con suavidad.

Comentarios

  1. ¡Sí! ¡Síiii! Por fin algo de "feeling" entre Sunny y Max ¡de verdad!
    Me ha encantado, en serio. ¡tengo unas ganas de leerlo tremendas! Inmejorable, Sun. Te has lucido. x)
    Un beso. :)

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  2. *O* Qué fuerte lo de tirarle libros XDD Ese ha sido momento enajenación mental por parte de Sunny y bueno, lo de olerle el pelo ha sido "raro" por parte de un profesor hacia una alumna XDD Me ha gustado aunque me he quedado con ganas de leer más T.T La asquerosa de Paula, yiiii ¡Qué tirria la tengo a la muy zorra! Hum.. ahora que lo pienso, Sunny estando de espaldas a Max y Max estando tan perfectamente dotado...Sunny debe de estar notando el cielo con su trasero XDDd Es broma, un besoite enorme y muy bueno relato aunque se me ha hecho corto ^^

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  3. Wowowow, el momento "lanzamiento de libros contra pelirrojo pervertido" ha sido bastante desconcertante e hilarante a un tiempo.

    La escena en general, y el cabreo de Sun en particular, me hace sospechar que es una continuación del fragmento del otro día, cuando Sun ya ha descubierto que Max sólo se ha acercado a ella, no porque le interese como mujer, sino para ayudarla a superar su trauma.

    Sin duda, los celos pueden ser tanto por parte de Sun como por parte de Paula, porque eso de que la miró, seguramente deseando estar en su lugar... es como mínimo muy sospechoso. Aunque yo pensaba que Paula estaba enamorada (o encoñada, según se mire) de Héctor.

    Anyway, lo que me ha rematado ha sido cuando Max huele su pelo. Por un lado es muy chocante e inesperado, pero por otra, creo que hablo en nombre de todos los seguidores cuando digo que ya estábamos deseando leer una escena así.

    En fin, que me ha encantado y que ya estaba necesitando una buena dosis de "Sun Burdock", jajaja. Espero pronttito un nuevo fragmento.

    P.D. ¿Esta escena forma parte de la historia o no? :)

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  4. Bueno bueno bueno... acabo de despertarme y no hay forma mejor de empezar el día que leyendo algo de Sun Burdock ^^ (me has subido el buen humor, que lo sepas. Luego no habrá quien me aguante).

    Cuando ha cogido Sun el libro me he quedado como e.e... ¿qué pasa? Y en el momento en que lo tira mi confusión aumentó notablemente xDD Eso sí, cuando Max dice que lo sortea sin dificultad porque es "tan predecible" casi me meo hahaha xDD

    Yo ya he empezado a ver sexy la escena cuando la ha agarrado Max desde atrás, sujetándole los brazos, y más al ver cómo se calmaba ella entonces xD Pero después lo de apoyar la mejilla y olerle el pelo... *-*

    En fin, ya lo sabes, adoro esta novela y espero que puedas enseñarnos algo más muy pronto ^^

    Un beso enorme (:

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  5. *_* Me ha gustado cuando la abraza y empieza a aspirar su aroma. Se respira un aire tan tierno... A ver si resuelves ya la tensión sexual de estos dos, que ya toca^^
    Y me remito a lo que ya te dije: me encanta tu constante desarrollo y mejora en la calidad literaria. Bravo, Edurne:)

    Un besazo:*

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  6. Hola,precioas letras van desnudando lentamente la suplicante belleza de este blog, si te va la palabra elegida, la poesía te invito al mio,será un placer,es,
    http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
    gracias, buen día, besos reales...

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